22 de Marzo – Día Mundial del Agua –

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La carencia de este derecho humano universal declarado en 2014 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), provoca la muerte de 3,5 millones de personas cada año, el doble de los decesos que se producen por accidentes viales y casi el triple de los ocasionados por HIV, según un informe del Consejo Mundial del Agua (WWC, por sus siglas en inglés).

El informe del WWC fue emitido en coincidencia con el Día Mundial del Agua, que se celebra desde 1993 cada 22 de marzo cuando organismos y autoridades ambientales de todo el mundo llaman a tomar conciencia de la importancia de este recurso vital y la necesidad de adoptar conductas para fomentar su cuidado.

El documento señala que “las enfermedades relacionadas con el agua representan 3,5 millones de muertes al año”, mientras que 1,3 millones de personas fallecen anualmente por accidentes automovilísticos y 1,1 millones como consecuencia del Sida.

“En Latinoamerica y El Caribe, 50 millones de personas no tienen acceso a agua limpia y segura, el agua es lo esencial. Sin agua no puede haber vida, ni desarrollo económico, ni desarrollo político, social o cultural”, sostuvo Benedito Braga, presidente del WWC.

En la región “existen zonas terriblemente afectadas como Haití, donde sólo el 58% de la población tiene acceso al agua potable”, explicó, tras remarcar que es “el único país de Latinoamerica y El Caribe que se encuentra dentro del ranking de los 20 países más afectados a nivel global”.

Braga calificó la situación regional como “esperanzadora” en comparación con otras áreas del planeta y estimó que en “Latinoamérica el 8% de la población no tiene acceso a agua potable”, cifra que se incrementa al “12% en Asia y 32% en África subsahariana”.

“No obstante, está claro que queda mucho camino por recorrer y muchos esfuerzos por aunar para revertir esta situación”, aseguró Braga, quien pidió “tomar conciencia de la urgencia que están viviendo los pueblos afectados”.

“Los efectos del cambio climático y sus consecuencias en economías de cultivo, estados insulares y red de aguas no mejorada están directamente relacionadas con el número de muertes por sed y una amplia gama de enfermedades de carácter gastrointestinal, causadas por agua insegura o contaminada en los países más afectados”, explicó el especialista.

Braga destacó que según las últimas cifras obtenidas “el 12% de la población mundial no tiene acceso a agua potable y cerca de 4.500 niños mueren al día” por esa carencia.

Por su parte, Nahuel Schenone, especialista en calidad de agua y recursos hídricos, aseguró que en Argentina hay “mucho recurso hídrico” y que “hay que fomentar políticas que sirvan para concientizar a la población para cuidarlo, de otra manera estamos condicionando este recurso a futuro”.

Schenone consideró apropiado discriminar en relación al acceso al agua potable entre “zonas urbanas o zonas rurales” y afirmó que “no esta garantizado el acceso a este recurso esencial para toda la población”.

“En muchas zonas rurales o comunidades de pueblos originarios el agua es obtenida de ríos, canales o espejos de agua, en cambio en zonas urbanas el acceso al agua potable es a través de plantas potabilizadoras, que es donde mayor inversión hay ya que requiere una mayor infraestructura”, explicó.

Otro grave problema “es el alto porcentaje de aguas residuales que vuelven a los ecosistemas sin ser tratada”, aseguró Schenone, al explicar que se trata de un ciclo: “tomamos agua de los mismos lugares a donde la devolvemos, tenemos que tomar conciencia de la importancia del saneamiento”.

Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), el 80% de las aguas residuales que se generan en el mundo vuelven al ambiente sin ser tratadas ni recicladas.

La Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (ACUMAR) “debe controlar los afluentes que terminan en el Riachuelo, pero muchas empresas no mejoran la reconversión de afluentes que son arrojados allí, por lo que se produce una contaminación constante”, aseguró Schenone.

“Hay otras cuencas como la del Salado que reciben desechos de industrias de agricultura intensiva o la del Río Dulce en Santiago del Estero, o la cuenca del Paraná donde a lo largo de Rosario y Santa Fe las grandes ciudades aportan afluentes sin tratamiento, lo cual afecta la calidad en lo que es la cuenca baja”, argumentó el especialista.

“Las cuencas son compartidas, no discriminan provincias ni municipios, tomamos agua de los ríos Paraná, Uruguay, de la Plata y devolvemos el agua a los mismos; por eso es fundamental concientizar sobre la importancia de cuidar un recurso tan esencial como el agua” y para ello “es necesario inversión publica, controles, mantenimiento y regulaciones”, concluyó.

 

Fuente: Telam

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